Theresa y Florian celebraron su boda en Alaiar, una finca rústica mallorquina rodeada de viñedos, exuberante vegetación y encanto atemporal. Fue una celebración íntima y relajada, fiel a quienes son: cálidos, naturales y llenos de ternura, con su hija pequeña desempeñando un hermoso papel durante todo el día.

La ceremonia tuvo lugar en los jardines, en plena naturaleza y envuelta en calma. Después, los invitados disfrutaron de un relajado cóctel a la sombra de los árboles, con aperitivos tradicionales mallorquines que aportaron un encantador toque local a la experiencia.

La cena se sirvió en el patio interior de la finca, con una deliciosa barbacoa y un bufé bajo las luces de cuerda y el cielo abierto. La decoración rústica -materiales terrosos, luz tenue y mucha vegetación- encajaba perfectamente con la atmósfera del día: sencilla, sincera y maravillosamente real.

Capturar su historia fue una verdadera alegría. Momentos llenos de emoción, risas y miradas tranquilas hicieron que esta boda fuera inolvidable, uno de esos días que me recuerdan que la belleza vive en lo genuino y sin filtrar.